miércoles 16 de febrero de 2011

Fragmentos del Olvido (I Parte)

En los dos últimos años Esteban ha estado vagando por un sin número de habitaciones, camas, colchones, paredes, mesas de noche, colores tenues de amarillos y blancos por bombillos que emiten luz de diferente intensidad dependiendo su voltaje y naturaleza. Esta era una de esas noches en las que la compañía de un muro de tres metros de alto y cuatro metros de ancho, cortinas amarillentas y un closet viejo era ya usual, donde la capacidad imaginativa creaba texturas, formas y colores en el fondo de las paredes. Donde el tenue movimiento de un zancudo generaba diversos vectores formando las tres dimensiones del espacio, y hasta el tiempo como cuarta dimensión tenía cabida en su pensamiento. Sin embargo, a pesar de evaluar esos parámetros dimensionales en el movimiento de aquel zancudo que se postraba en su pierna para posteriormente extraer la sangre que serviría como alimento, a Esteban no le alcanzaban las explicaciones del por qué Isabela lo había abandonado.

Esteban había conocido a Isabela en una fiesta de graduación en aquellos tiempos donde la vida simplemente se resumía en amigos, fiestas, fútbol, mujeres bonitas y la universidad. Esteban era ligeramente mayor que Isabela, algunos años más de experiencia los diferenciaba. Esa noche Isabela tenía un vestido negro, largo, ceñido al cuerpo que le denotaba su gran figura. Ella siempre se destacó de las demás mujeres de su edad por su gran porte, su linda sonrisa y su largo y negro cabello que caía hasta más de la mitad de su espalda. La dulzura de su voz era como sentir un alivio eterno que entraba desde el tímpano, recorría las neuronas y transmitían una sensación de tranquilidad y de felicidad al resto del cuerpo, el cual simplemente respondía por reflejo con una cálida sonrisa y una atención desbordada de sus palabras y gestos. Esteban era alto, con porte de deportista ya que desde niño siempre le gustó jugar futbol, con pensamiento libertarios izquierdistas, donde la vida simplemente era idealista, utópica, rayando casi lo absurdo. A él simplemente le importaba vivir el momento, ya que nada tenía la suficiente importancia más que el futbol. Era la única razón por las cuales podría salirse de sus cabales.

Esa noche, Esteban había salido con unos amigos a un bar de salsa en el centro de la ciudad, una noche de Héctor Lavoe decía en el banner publicitario del bar. Entró y se tomó unos tragos de ron, que sirvieron para prender una noche larga, una noche inolvidable. Inicialmente todo parecía que la noche iba a ser un fracaso, el bar estaba vacío, el alcohol que estaba incorporado en el ron aun no hacia su efecto, y no había tema en la mesa para ponerle un tinte emocional a la noche. Después de hora y media, llegó más gente al bar, el alcohol hacia su fiesta en la cabeza de Esteban y la noche iba tomando forma. Las canciones del Cantante hacían vibrar media cuadra, y las voces de las personas en un unísono cantaban fervorosas, como si fuera el mismo Héctor Lavoe el que estuviera cantando en vivo en el bar: “Yo, soy el cantante que hoy han venido a escuchar…!!”

Esteban y sus amigos salieron de bar, contentos, caminando por la calles de la ciudad, buscando otro plan para continuar la noche, aun joven, aun virgen. Llegaron a la entrada de otro bar, un bar de música contemporánea, entendido esto como música del momento, por lo que obviamente concurren personas jóvenes, de la edad de Esteban, un sitio de moda. El bar de salsa era bohemio, donde concurrían personas de avanzada edad, que disfrutaban de este tipo de ambientes.

Entre saludos y abrazos, Esteban se fue en un carro, en medio de desconocidos, tan solo una persona le era familiar, y fue quien lo arrastró hasta el carro y emprendieron un viaje sin destino conocido, al menos para Esteban. Después de diez minutos de escuchar esas voces desconocidas y sentir un leve apretón en su brazo izquierdo, de aquella persona almenos conocida para Esteban, el carro se detuvo. Estaban en uno de los mejores barrios en el norte de la ciudad. Había una gran fiesta, carpas blancas se extendían en el patio de la casa, adornos florales, velas, bombas y demás artilugios adornaban la casa. La fiesta la había organizado la última promoción del colegio femenino más tradicional de la ciudad, por lo que la presencia de lindas mujeres era evidente. Esteban se bajó de carro mientras empezaba en medio de la gente a buscar caras conocidas, para no sentirse aislado en la fiesta. Mientras caminaba empezó a encontrarse a amigos, que como él, habían llegado de la misma forma, con rumbo incierto que terminó en esta fiesta.

Esa persona que entre la corriente de alcohol que fluía en su cabeza se le hacía conocida, era una amiga con la cual él había estado hablando días atrás. Era una niña de una familia acomodada de la ciudad, había salido de un colegio bilingüe, muy preparada. Ahora estaba estudiando en una universidad muy tradicional de la capital. Se había convertido en un reto para Esteban el hecho que una niña de este talante pudiera fijarse en él, un muchacho de clase media, huérfano de padre, cuya madre solo tenía dinero para sostener el estudio de él y sus hermanos.

Se habían citado previamente para intentar construir algo. ¿Algo? Bueno, de verdad Esteban en el fondo sabía que no iba a resultar nada, pero siempre pensaba que si no intentaba al menos, nunca conocería el resultado de ese proceso. Por otro lado, para Evelyn, Esteban no le era indiferente ya que era un chico apuesto, de buen porte y figura. Pero la distancia que los separaba era una barrera transparente muy fuerte que les impediría formar algo. Y finalmente así fue, a pesar del riesgo que Esteban había tomado, Evelyn fue directo al grano, ella fría y calculadora emitió esa cruda verdad, pero con sal y pimienta “Esteban, yo ya estoy radicada en la capital y además estoy saliendo con alguien…”. Conocidos ya los pronósticos, a Esteban le corrió un frío por las venas. Esa sensación de rechazo siempre será un motivo de vergüenza y amargura, sin importar las circunstancias, añadiendo una tercera persona, si… definitivamente eso duele.

Esteban en medio de su dolor, sacó el poco de orgullo que le quedaba y se dio vuelta, con el propósito de encontrar a sus pocos amigos que había visto cuando llegó a la fiesta. Se dedicó a ingerir alcohol y a disimular su amargura por la derrota que acaba de tener, una derrota dolorosa, porque fue una guerra, una guerra de muchas batallas, de las cuales se destaca la batalla principal, la que siempre perdía, la batalla contra su timidez. Esteban en el pasado había dejado pasar oportunidades con mujeres lindas, simplemente por su timidez, por ese miedo a fracasar y a recibir un NO, algo que consideraba algo análogo a un escupitajo en la cara. Sentir que la sangre subía a su cabeza, lo hiciera sonrojar y en medio de un éxtasis nervioso pronunciar las palabras “usted me gusta” no era una sensación muy agradable, siempre causada por la probabilidad del rechazo. Sus éxitos fueron porque su rival siempre tomaba la iniciativa de la situación y Esteban simplemente era una corriente en medio de un frondoso y meandriforme cause.

1 comentarios:

  1. Ya quiero leer la segunda parte de esta historia, espero que no tardes mucho en darme ese gusto... :D Estoy atrapada en la historia

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